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martes, 6 de febrero de 2018

Poniendo limites

Parece un corazón sano que camina dentro del cuerpo de una mujer
Un corazón que ríe, llora, se apena, escribe poemas, textos de amor y pena.
Un corazón que se siente vivo dentro del pecho de esa mujer.
Un corazón que bebe sus lágrimas, sonríe a la vida, se alimenta de caricias, de la lluvia, del frío, del calor humano, de lo bueno y lo malo. 
Un corazón que sueña y explosiona de ilusiones, que baila salsa, merengue, bachata y pegado.
Un corazón que coje impulso para aguantar los envites de la vida. Que reclama ser escuchado y que también sabe de la importancia de escuchar. Que siente el frío, el calor, la ofensa y la defensa. Que se enamora y desenamora. Que canta y queda mudo. Que nada como pez en el agua, se cansa, se ahoga en un suspiro,  vuelve a coger oxígeno y las riendas de su latir.
Un corazón que tiene que poner límites o queda en desamparo ahogandose en su propia sangre.
Se olvidó de que está remendado y  no puede latir ni respirar como otros. Tiene sus limites, ha de ser cauto y cuidadoso. Un corazón que late y vive cuando la vida va despacio y no trota como caballo. 
Pensaba que tenía alas y quiso volar muy alto. Si la vida le enseñó a volar bajo, seguro es por algo. 
Voló y voló, hasta que casi añicos pudo hacerse. 
Un corazón con coraje que pudo dar marcha atrás y seguir latiendo con lentitud, pero no dejará de latir mientras se tome la vida con tranquilidad y no se deje atosigar.
La vida es muy bella y nada y nada hasta salir a flote del mar de lágrimas.
La vida tiene muchos recovecos oscuros y estos hay que eludirlos, procurando siempre estar  en el lado de la luz y la felicidad.

  

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