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miércoles, 26 de octubre de 2016

Open de descenso DH. En El Real de San Vicente












El fin de semana pasado ha sido pasado por agua.
Frío y agua hubo mientras los jóvenes entusiasmados   hacían virguerías con su bicicletas.












Madre mía algunos terminaron hasta el alma calados y llenos de barro. 
Pero como dicen que sarna con gusto no pica, pues hala, a divertirse.

Está foto me encanta.






Y esta otro foto también me encanta. Es la misma persona que yo estuve muy atenta para seguirlo con la mirada y captar el momento. 
Hacía mucho frío y el día estaba muy desapacible por lo que nos tuvimos que ir a casa por que yo daba diente con diente. Estaba tiritando de frío y porque andaba algo mojada.
Me hubiera encanto quedarme hasta el final, pero no pudo ser. La próxima vez iré más preparada.

Llenos de barro y mojados hasta los huesos.
Contentos por la experiencia aunque alguno se lleve  un buen constipado como recuerdo.
Han convivido con otros jóvenes. Han hecho un pacto con la naturaleza. Se han fortalecido como personas. y le han dado vida a mi pueblo.
Los caminos solitarios seguro agradecieron el bullicio de las bicis en su recorrido. Seguro que alguna rama fue acariciada por alguna oreja, por algunos pelos, por algunas manos y tal vez también por algún cuerpo.
Creo que llovió tanto porque a la lluvia le dio envidia que la juventud tuviera esta gran experiencia. Seguro que se dijo a sí mima: a llover para estos jóvenes tengan un poco más dura su participación en este evento. Los jóvenes resistieron  a la tortura de la lluvia. Aun así, la lluvia siguió mojándoles   y haciendo barro en el camino. 



miércoles, 19 de octubre de 2016

Día gris


Hoy está el día gris. Amaneció más tardío porque las nubes espantaron al sol. No me apetecía levantarme, pero hice un gran esfuerzo.  Eché las sábanas para atrás y  me senté en el trono a leer. Después de una hora leyendo en el trono y otras actividades, me di una ducha. Disfruto mucho  bajo el agua caliente, si no fuera porque hay que cuidar del agua y porque el gas sube mis gastos, estaría eternamente bajo él cayéndome por la  cabeza y por todo mi cuerpo. Es un placer sentir el agua cuando acaricia caliente, metiéndose por todos los recovecos de mi menudo cuerpo.
Salí de la ducha y me embutí en el albornoz verde  con capucha. Así estuve un rato mirando por la ventana, ensimismada, viendo a los pajarillos en la rama del árbol.
Hoy no fui de la cama a la bici como cada día. Desayuné un zumo de naranja y me apetecía un poco de pisto que quedó de la noche anterior. No tengo una norma de desayunar leche con tostadas o con galletas como lo hacen la gran mayoría de los mortales. Como lo que me apetece y que no me de intolerancia. El pisto estaba más rico asentado por la mañana, que la noche de antes, y mira que estaba rico, pero por la mañana estaba delicioso y con más sabor por su veterania de varias horas hecho.
Me sequé un poco el pelo. Puse crema protección 50 en mi cutis. Me puse un poco de rimel  en  mis pestañas. Me vestí con mis vaqueros y mi camisa de colorines, una chaqueta  polar rosa. Bajé al trastero y recogí el carrito de la compra. Caminé al mercadillo. Había pocas personas y menos puestos que de costumbre. Recorrí todos los pasillos. El griterío de los fruteros llamando la atención para vender sus mercancías me hizo sonreír. Me paré en un puesto en donde el chico se desgañitaba para atraer a más clientela. Chiquillo que te vas a quedar ronco, le dije.

Compre manzanas, naranjas, plátanos, melocotones, pimientos rojos y dos lechugas. Estuve como dos horas caminando. Cuando llegué a mi casa había recorrido algo más de once kilómetros,así me lo marcaba el aparato que llevo para que me diga lo que camino.
Saqué todo el género y me dispuse a lavarlo. Me gusta lavar las frutas antes de meterlas en las nevera. Así no hay peligro de que nos llevemos a la boca con todos los microbios. Lavé también en abundante agua y con unas gotitas de lejía  los pimientos rojos y asé. Mientras se asaban comí una ensalada de judías verdes que había hecho el día de antes y sobró. Me gustan las judías verdes. Las hago al vapor con dos zanahorias laminadas, dos patatas laminadas y una cebolla en gajos. Al hacerlas al vapor conservan sus vitaminas, su sabor y su color.

Después me asé unas castañas del castañal de los primos de Antonio. Están deliciosas. Lo malo que se inflama la panza y da muchos gases. Seguro que esta noche habrá una sonata y no precisamente de violines.
El día que las comemos los dos la sonata se multiplica pero también las risas.




Seguido me hice cinco kilómetros en la bici y le di otro buen empujón al libro.
Y ahora estoy aquí escribiendo y terminando para tomar un descafeinado e irme a la clase de fotografía.
Estaré sola en el cuarto rojo, mi compañera de curso me ha dicho que no podía ir. Hoy será tarde aburrida de 
 revelado de fotos. 




lunes, 17 de octubre de 2016

Mi amiga...

... Ella está cansada de vivir. Su corazón lleva latiendo 85 años muy sufridos.
Una costurera de los pies a la cabeza. Pequeña de estatura, pero muy grande de corazón.
Quedó embarazada de su esposo, pero nunca pudo ver a su niña. Esa niña, que ella anhelaba con tanto amor,  quedó en el hospital de Maria Cristina, cuando aún estaba  instaurada la dictadura en España. Ella le hizo toda la ropita a su niña. Esa ropita aun sigue por su casa, sin estrenar. Ella está en una residencia de mayores. A veces pierde la noción del tiempo y también pierde el lugar en donde está. Ella me dice cuando voy a visitarla: si yo tuviera a mi niña... Pero su niña nunca pudo ir a su casa porque según le dijeron murió al nacer. Yo no estoy tan segura de que esa niña esté muerta, si no, con alguna familia que la recogió del hospital. Me contó su historia y es como otras historias que he escuchado en la tele y que las madres reclamaron a su hij@s porque se las quitaron al nacer, diciéndoles que estaban muert@s.

Ha sido ingresada montones de veces en el  hospital, por enfermedad. Ella todas las veces decía: por qué no me moriré ya. Ayer en la residencia volví a escuchar ese por qué no me moriré ya. Sus ojos apagados de una languidez extrema y llorosos. Su cuerpo encogido  y arrugado, parece una muñeca de porcelana. Allí donde se le aprieta un poco más, su piel traslúcida, queda con la marca de un moretón o con la piel levantada.
Enganchada día y noche a una maquina de oxigeno me pidió que le pusiera la tele para sentir hablar,  no sentirse sola en la habitación, cuando yo me fuera. Siempre come lo mismo, puré de color naranja y un yogur blanco. Me pide gazpacho fresco,  pero yo no puedo llevarla alimentos. Antes, le llevaba alguna que otra cosilla y nos la comíamos las dos juntas,  hasta que un día  se atragantó, pensé que se ahogaba. Pasé mucho miedo hasta que pudo echar afuera un trocito de jamón.  Nunca más volví a llevarle nada. Toma el agua espesa porque una gota que se beba como un gorrión, se le va a los pulmones. Ayer la vi más alicaída que nunca.

Marqué en mi móvil el teléfono de su amigo y vecino. Habló con fatiga. Apenas un hilito de voz sale de su garganta. Después  marqué a su sobrino y más de lo mismo. El sobrino la regañó porque cuando su cabeza desconecta llama puta a las auxiliares que la cuidan. Ella tiene todo perdonado porque pagó con creces el estar en este mundo. Yo les pedí perdón a las auxiliares y les dije que ella siempre fue educada. No es ella quien insulta, si no su cabeza desmemoriada. Creo que ya se le acerca el momento de irse. Tal vez esté equivocada y aun tenga que seguir padeciendo por estar muerta entre los vivos.

martes, 11 de octubre de 2016

Jornadas solidarias contra el cáncer y enfermedades raras infantiles El Real de San Vicente































































Como el año pasado muy bonito y muchas personas que colaboran desinteresadamente. Chapo por las personas que lo organizan y por las personas que voluntariosamente se ofrecen para que todo salga de maravilla. Nosotros somos meros espectadores que participamos mínimamente en disfrutar de los eventos. Ha estado muy bien aunque ha habido menos actividades supongo debido a que no ha habido puente. Aun así lo que se haya recaudado para la causa me parece estupendo. 
Y de nuevo gracias a todas las personas que hacen posible de estas ayudas dedicando su tiempo y su dinero. Enhorabuena a tod@s ell@s y por supuesto al Ayuntamiento de El Real de San Vicente.