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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Sangre de Árbol


... Llegó el invierno y en el pueblo serrano hacía mucho frío.
Tomas, Faustino, José Luis y Jesús, son, cuatro de los doce  hijos que tienen  Teresa y Manuel. 
Aquél día ya no les quedaba nada de leña para echar al hogar. Decidieron salir a cortar algún árbol. Habitualmente tenían por costumbre sanear los árboles cortando las ramas muertas,  con las que después durante todo el invierno se calentaban. También eran empleadas por  su madre  para hacer  la comida en enormes pucheros de barro. 
Pero el invierno se había alargado y no quedaba ni pizca de leña.
Fueron podando ramas que se habían extendido mucho y, que  molestaban en los caminos. La leña que durante la mañana habían cortado era leña fina.
Jesús se paró en un árbol mientras sus hermanos siguieron camino a su casa. 
Con el primer hachazo a uno de los árboles que durante el verano se cobijaban bajo su sombra, notó, como un gran  quejido.  Pero no le dio importancia, pues pensó que habría sido el sonido de algún animal.
Dicho árbol era una majestuosa  encina.  Por la cicatriz que dejo el corte que el hacha hizo a una de  las rama que hacían de brazo, comenzó a sangrar. La sangre corrió por un reguero que la lluvia invernal había hecho, y que comunicaba con el río de donde se abastecían  de agua.

En este río se encontraba su madre lavando la ropa de toda la familia. La abuela vio  como toda su ropa que tenía a remojo, en un pequeña presa que ella misma había hecho con piedras, se teñía de sangre.
La mujer como pudo salió corriendo a la casa para comunicar que el río no llevaba agua si no sangre.

Ahí se dieron cuenta que Jesús no iba con ellos y pensaron en lo peor.
Salieron los hermanos en busca   de Jesús. Lo vieron asustado y llorando encima del árbol, viendo como éste  se desangraba. José Luis rápidamente  hizo jirones su camisa utilizando  los trozos para vendar la herida del árbol.
La encina dejó de sangrar y  con un gran suspiro que dio  se hizo la noche, y con ello el silencio.




Fotos tomadas el sábado por la mañana.

5 comentarios:

  1. Encantador y tierno relato. Me identifico mucho con él porque a mi también me pasa que soy incapaz de cortarle una rama a un árbol que esta vivo.
    Un abrazo.

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  2. Gracias Disancor.Te deseo que tengas un buen fin de semana.
    Saludos y un fuerte abrazo

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  3. Qué bellas las imágenes. Me encanta la niebla!! Nunca habia escuchado ni visto ese furto, Madroño. Soy del Caribe, pero vivi tambien en Peru, y no lo vi. Quiza en la selva, con otro nombre. Linda entrada!




    Merry Kisimusi!

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  4. Gracias Marilyn, me alegro que te gusten las imágenes. Yo conozco este árbol porque aquí en Madrid es muy típico lo del Oso y el madroño, te envió una imagen de ello, bueno perdón pongo enlace:
    http://mediateca.educa.madrid.org/imagen/ver.php?id_imagen=aqh2wsn56ct3hwke

    Saludos

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Gracias por dedicarme un pedacito de tu tiempo.