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lunes, 18 de abril de 2011

La Pasión de Cristo en El Real de San Vicente

A las 19:30 de la tarde se produjo  la entrada triunfal de Jesús en Nazaret. Era el domingo de Ramos (en este caso las fotos son de ayer sábado) y el pueblo le recibe con grandes ramos de olivo y hojas de palma, señal inequívoca de que recibían a quién les salvaría del yugo romano. El lugar escogido fue la Plaza del Llanillo en El Real de San Vicente.

Este año, y ya van siete, el fin de semana anterior a la Semana Santa, es decir el sábado y domingo de Ramos, se representó en El Real de San Vicente la Pasión de Cristo. Es una obra de teatro cuyos actores, unos cien, todos vecinos del pueblo o allegados y de todas las edades, desde los tres o cuatro años hasta los ochenta, dejan sus quehaceres diarios para, por unas horas, ser actores. Actores con mayúscula. Es una obra, cuyos escenarios recorren todo el pueblo, digna de ver. Dura más de tres horas y a muchos se nos hace corta. Los actores no son de película pero hacen su papel con tal dignidad, que bien merecieran serlo y quizá quitaran el puesto a más de uno. Hay algunos momentos de la obra, como cuando clavan a Jesús a la cruz, que ponen el bello de punta y hasta se le encoge a uno el corazón. La obra está dirigida por Joaquín Garrigós, párroco del pueblo, rodeado de un equipo de ayudantes que, entre todos, hacen que la obra salga perfecta. Las autoridades locales también, como no podía ser de otra forma, se vuelcan con la representación.


El primer escenario fue la Plaza del Llanillo, y después de la entrada triunfal, en la puerta de la iglesia se escenifica los tres años de vida pública de Jesús. Allí tiene lugar la enseñanza del Padre Nuestro a los apóstoles y el perdón a María Magdalena con aquello de: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. La Iglesia, decorada para la ocasión, es el templo donde se reúne el Sanedrín bajo la presidencia de Caifás, sumo sacerdote, donde primeramente se condenan las palabras de Jesús, sin estar él presente, y donde deciden detenerle con la ayuda de Judas Tadeo, uno de sus discípulos. Allí es donde una vez prendido le condenan a muerte.

La Última Cena tiene como escenario el salón de actos de las escuelas. En este acto se produce el sacramente de la Eucaristía: el pan y el vino son convertidos en cuerpo y sangre del Señor. También se produce el lavado de pies por parte de Jesús a todos los apóstoles, en señal de que el más importante también debe ser el más humilde. De allí se pasa al huerto de los olivos, un olivar de las afueras del pueblo, donde Jesús cuando está rezando es apresado. Aquí es donde San Pedro,  tan impetuoso, saca su espada para defender a su maestro y corta la oreja a un soldado. Jesús le reprende diciéndole: “el que a hierro mata a hierro muere”. Le ordena que guarde la espada y hace el milagro de devolver la oreja donde la tenía el soldado. De nuevo ante el Sanedrín que ya le ha condenado pero que no  tienen potestad para aplicar justicia: Judea es una provincia romana y el único que tiene potestad para condenar a muerte y hacer cumplir la sentencia es el representante de Roma. Y a él se lo envían.

En la plaza del pueblo está el escenario con la sede del representante romano. Poncio Pilatos es un político romano venido a menos y quiere hacer meritos para volver de nuevo a Roma. El hombre que le traen los judíos para que condene a muerte, y que  él no cree culpable, puede suponerle un grave problema para su regreso a Roma. Como Jesús es galileo, se quita el asunto de encima enviándoselo a Herodes, rey de los galileos, que está en Jerusalén para celebrar la Pascua Judía, y que, en este caso, está a la otra punta de la plaza.  Herodes se desentiende y se lo devuelve al romano. Poncio Pilatos no quiere matarlo. Le azota delante de la muchedumbre para ver si la sangre les aplaca. Pero siguen pidiendo su muerte. Por ser la Pascua tiene que indultar a un preso. Les ofrece indultar a Barrabas, un salvaje asesino que tiene atemorizados a los judíos, con la esperanza de salvar a Jesús,  pero el pueblo, guiado por los sacerdotes, quiere la muerte de Jesús. Y éste finalmente es condenado a morir en la cruz.

































Jesucristo carga con la cruz, en la plaza del pueblo, y comienza la subida al Calvario, cuyo escenario es la Plaza del Barrio Nuevo. En el camino se producen las tres caídas,  aunque en la representación solo se escenifica una, donde además se produce el acto de la Verónica: al limpiar la sangre y el sudor de la cara de Jesús, su imagen se queda impregnada en la sabana. Allí es cogido Cirineo para ayudar al reo a llevar la cruz. En la plaza del Barrio Nuevo se produce la crucifixión y muerte de Jesucristo, pasando por el momento de la sed, la herida en el costado con la lanza, el decirle a su madre señalando a Juan: Madre ahí tienes a tu hijo. Y a Juan: Hijo e  ahí a tu madre. La tierra comienza a temblar y Jesús perdona a los que le matan porque no saben lo que hacen. Después al bajarle de la cruz se lo entregan a su madre y acto seguido es enterrado en el sepulcro, que queda vigilado por guardias romanos hasta que al tercer día, el cielo comienza a tronar, los vigilantes temerosos huyen y se produce la resurrección del señor,… y los atronadores aplausos de los asistentes durante bastantes minutos.



Desde estas páginas quiero reivindicar que esta maravillosa función de teatro,  se siga haciendo en años venideros, y que las autoridades locales hagan lo que tengan que hacer para que esta obra, en la que participa todo el pueblo ya sea actuando o aplaudiendo, y muchos que vienen de fuera, por cierto cada vez más, sea declarada de interés turístico regional.

Escrito: Antonio Sánchez de Moreno
Fotos: Isabel Ramos, una servidora
Mañana subiré más fotos, y pasado mañana, y al otro :-)

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